TALCA

  1. REZA, PERO NO DEJES DE REMAR HACIA LA ORILLA

     
  2.  
    Algunos de lo peores recuerdos de mi adolescencia están asociados a la ciudad de Talca. Nos tuvimos que ir a vivir ahí por el trabajo de R., el marido de mi mamá, cuando yo tenía 15 años. Me informaron que nos cambiaríamos como tema resuelto e inapelable, justo en la edad en que uno cree que ya tiene derecho a opinar. Tuve que dejar la ciudad, el curso y el colegio en que había estado desde los 4 años. Significó alejarme de mi pololo de entonces y de mis amigas en el momento de la vida en que el pololo y las amigas son todo. Acá quedó también mi papá, que yo sabía también lo estaba pasando mal por nuestra mudanza. Llegué a vivir a Talca sin haber pisado antes esa ciudad ni estar para nada familiarizada con lo que es la vida en provicia. A mediados de los 90, aún era un abismo el que separaba Stgo. del resto de Chile. La música, la moda, las películas, las tendencias, todo llegaba después. La mentalidad de la gente era muy diferente, especialmente entre el colegio laico del que yo venía y el colegio católico tradicional, último reducto de la casta  talquina al que llegué. Mi look un poco grunge de esa época, de poleras vintage, pantalones  rotos en las rodillas y zapatillas, fue totalmente incomprendido por mis compañeras de jeans impecables, blusas metidas adentro del pantalón y botines con taco.
    La ciudad objetivamente no era linda, pero menos aún mirada desde mi perspectiva  El primer domingo que pasé ahí, decidí ir a dar un vuelta al centro, que quedaba a pocas cuadras de nuestra casa, esperando encontrarle el lado amable a la ciudad.  Pero recuerdo claramente,  la desolación que sentí cuando me encontré con las calles vacías y todas las antiguas galerías y locales cerrados, como si fuera un pueblo fantasma. Simplemente no abrían los domingo, algo impensable en la capital en donde los grandes centros comerciales estaban en pleno aúge.
    Alcancé a vivir tres años ahí. No hice muchos amigos y siempre estuve un poco desadaptada en ese curso y círculo de gente en que todos te preguntaban tus dos apellidos, para concluir tajantemente que "ah, no eres de Talca, entonces". Porque lo que sí son, se conocen todos, se casan entre ellos y se saben con un pasado común, terrateniente y aristocrático.
    Apenas terminé el colegio, me corté el pelo, como solemos hacer las mujeres cuando queremos cerrar un capítulo y me vine a vivir a Santiago, sin mirar atrás ni extrañar ni por un segundo nada de lo que había dejado.

    Pero mi mamá, R. y mis hermanos siguieron su vida igual. A R. le empezó a ir muy bien en su trabajo, se contruyeron una gran casa en un parcela afuera de la ciudad  y han gozado hasta ahora de  una buena vida. Hoy en día conocen mucha gente, tienen un buen grupo de amigos y para todos los efectos se sienten talquinos.
    A mí me costó un par de años volver a visitar la ciudad, olvidando resentimientos pasados. Mirarla con otros ojos, encontrarle sus encantos. Talca ha crecido bastante los últimos años y la modernidad había acortado la brecha cultural que existe con Santiago. Ya casada y con hijos, ir a Talca se transformó en un agradable panorama, para descansar, respirar aire puro y compartir con la familia. Ya estaba reconciliada e incluso le tenía un cariño especial, mal que mal, mi familia llevaba 15 años viviendo allá.

    Y una noche, de la nada. nos despierta el terremoto infernal. El día anterior había estado en Talca en la casa mi mamá con las niñitas. La siguientes noticias que tengo es que el epicentro está muy cerca de Talca y dado lo fuerte que fue el remezóna acá, a 250 km, no era capaz ni de imaginarme lo que habían vivido ellos.

    Después supe que mi mamá lo pasó abrazada/afirmada de R., bajo un arco de la casa, viendo como caían pesados muebles sobre sus narices, sintiendo que el movimiento no terminaba nunca  y convencida de que había llegado el final de los tiempos. Minutos después llegó uno mi hermanos, de 23 años, al que el terremoto lo encontró manejando  solo, en  una oscura carretera rural camino a la casa,, donde llegó aún en shock.
    La espera por el menor, de 20 años, fue un poco más larga. Venía caminando desde el centro y entre lo poco que pudo verbalizar es que salió del lugar en que se encontraba y al rededor no había nada en pie.

    Los primeros días apenas me podía comunicar con ellos. Otro de mis hermanos, que estaba en Santiago en el momento del terremoto, viajó para allá a los dos días, en contra de la voluntad de mi mamá, que prefería que nos quedáramos acá. Pero es que empezarona a  llegar las noticias del desabastecimiento crítico y de las amenzas de saqueos a las casas que estaban en pie. En la televisión y los diarios mostraban imágenes y mi familia dentro de lo que me lograban contar, me describían cómo había quedado de debastada la ciudad. Pero creo que recién caí en cuenta cuando vi estas fotos, que no estaban en los diarios sino que fueron sacadas por un ex compañero de curso de mi colegio en Talca


     

    Estas nos son fotos de barrios marginales o poco frecuentados. Lo que aparece son distintos tramos de la Avenida uno Sur, la principal de Talca. La Calle dónde se encontraba todo el comercio. Donde paseábamos los fines de semana con "el hombre" y mis niñas y las dejábamos andar libremente, total la avenida era exclusivamente peatonal y segura. Es la calle en donde están los bancos, las librerías, las tiendas de ropa, las farmacias, las heladerías. Es una calle por la que mi mamá probablemente caminaba todos los días. La segunda foto muestra lo que quedó del café Ibiza, donde mi mamá y R., como muchos talquinos, se tomaban un café en las mañanas y se ponían al tanto de las últimas novedades.
    Hoy me encontré en una revista un crónica de una periodista talquina, radicada en Stgo, que viajó a su ciudad de origen después del terremoto. Mientras leía  me caían las lágrimas, sin entender bien el sentimiento que las generaba. Desde el terremoto que me pasa, pero hoy ya tengo una necesidad imperiosa de ir a Talca. Quiero ver para creer y siento que lo necesito para seguir escribiendo mi historia con esa ciudad que odié, después aprendí a querer y ahora me produce tanta tristeza.
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